Bachelet, Protesta Estudiantil en Chile
Bachelet supera con dificultades el desafío planteado por los estudiantes de secundaria
ALFRED REXACH - 07/06/2006Corresponsal La Vanguardia BUENOS AIRES
No se produjo el paro total que tanto se temía en el palacio de La Moneda, pero el Gobierno chileno que preside Michelle Bachelet ha salido seriamente escaldado del conflicto planteado por los estudiantes de secundaria. Un 69% de los ciudadanos preguntados por el Centro de Encuestas La Tercera considera que Bachelet ha quedado afectada negativamente. En su primera prueba de fuego desde que tomó posesión del cargo, cuando aún no se han cumplido los cien días de gobierno, Bachelet ha experimentado dolorosamente los errores de su Gabinete, incluidos los propios. Al principio, la presidenta se desentendió del conflicto considerando que era una protesta rutinaria, protagonizada por los pingüinos, jóvenes estudiantes de enseñanza media, uniformados con chaqueta azul y pantalón gris. En esta ocasión, sin embargo, el desafío era real y profundo. Las demandas juveniles gozaron del apoyo del 87 por ciento de la población, además de recibir el aliento de los universitarios y de algunos sectores laborales. En la noche del lunes pasado, el emblemático ruido de las cacerolas volvió a retumbar en los barrios de Santiago, cercanos a las universidades y los institutos. Sin embargo, los disturbios provocados en el centro de la capital chilena, la tarde del mismo lunes, protagonizados por varios cientos de jóvenes encapuchados, entre los que no faltaban los infiltrados dispuestos para avivar las llamas del conflicto, han abierto una brecha entre los educandos, que ayer se planteaban seriamente, aunque divididos, la conveniencia de mantener sus encierros en los institutos y liceos de todo el país. Bachelet sostiene que "el paro ya no es necesario", porque su Gobierno ha satisfecho las demandas planteadas. Sin embargo, el plan de urgencia orquestado con la colaboración del ministro de Hacienda, Andrés Velasco, está valorado en unos 200 millones de dólares y las exigencias estudiantiles, en especial la gratuidad total en el transporte, superan largamente esta cifra. Es la capacidad financiera del Estado la que está en cuestión, ante unas reivindicaciones que la propia presidenta reconoce que son "justas y legítimas". El parche estatal sólo es pomada suavizante para un problema de hondo contenido social. Un enfoque que va más allá de lo económico revela que las prioridades políticas también están planteadas con crudeza. En su discurso del pasado 21 de mayo, cuando fijó los grandes ejes de su Gobierno, Michelle Bachelet apenas dejó espacio para la reforma del injusto y desigual sistema educativo chileno. La vigente ley orgánica constitucional de Educación es una herencia envenenada de Pinochet, que al final de su mandato traspasó los colegios estatales a las administraciones municipales y sentó las bases para un modelo educativo concebido como un gran negocio, accesible sólo para los que pueden pagarlo.
ALFRED REXACH - 07/06/2006Corresponsal La Vanguardia BUENOS AIRES
No se produjo el paro total que tanto se temía en el palacio de La Moneda, pero el Gobierno chileno que preside Michelle Bachelet ha salido seriamente escaldado del conflicto planteado por los estudiantes de secundaria. Un 69% de los ciudadanos preguntados por el Centro de Encuestas La Tercera considera que Bachelet ha quedado afectada negativamente. En su primera prueba de fuego desde que tomó posesión del cargo, cuando aún no se han cumplido los cien días de gobierno, Bachelet ha experimentado dolorosamente los errores de su Gabinete, incluidos los propios. Al principio, la presidenta se desentendió del conflicto considerando que era una protesta rutinaria, protagonizada por los pingüinos, jóvenes estudiantes de enseñanza media, uniformados con chaqueta azul y pantalón gris. En esta ocasión, sin embargo, el desafío era real y profundo. Las demandas juveniles gozaron del apoyo del 87 por ciento de la población, además de recibir el aliento de los universitarios y de algunos sectores laborales. En la noche del lunes pasado, el emblemático ruido de las cacerolas volvió a retumbar en los barrios de Santiago, cercanos a las universidades y los institutos. Sin embargo, los disturbios provocados en el centro de la capital chilena, la tarde del mismo lunes, protagonizados por varios cientos de jóvenes encapuchados, entre los que no faltaban los infiltrados dispuestos para avivar las llamas del conflicto, han abierto una brecha entre los educandos, que ayer se planteaban seriamente, aunque divididos, la conveniencia de mantener sus encierros en los institutos y liceos de todo el país. Bachelet sostiene que "el paro ya no es necesario", porque su Gobierno ha satisfecho las demandas planteadas. Sin embargo, el plan de urgencia orquestado con la colaboración del ministro de Hacienda, Andrés Velasco, está valorado en unos 200 millones de dólares y las exigencias estudiantiles, en especial la gratuidad total en el transporte, superan largamente esta cifra. Es la capacidad financiera del Estado la que está en cuestión, ante unas reivindicaciones que la propia presidenta reconoce que son "justas y legítimas". El parche estatal sólo es pomada suavizante para un problema de hondo contenido social. Un enfoque que va más allá de lo económico revela que las prioridades políticas también están planteadas con crudeza. En su discurso del pasado 21 de mayo, cuando fijó los grandes ejes de su Gobierno, Michelle Bachelet apenas dejó espacio para la reforma del injusto y desigual sistema educativo chileno. La vigente ley orgánica constitucional de Educación es una herencia envenenada de Pinochet, que al final de su mandato traspasó los colegios estatales a las administraciones municipales y sentó las bases para un modelo educativo concebido como un gran negocio, accesible sólo para los que pueden pagarlo.

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