Salomeu :Educación Dominicana

domingo, febrero 19, 2006

Los Maestros San Pedro de Macorís que son meritorios de honra

Un magisterio que Macorís debe honrar

Francisco Comarazamy, Opinión, Listín Diario, 19 feb 2006

Un reciente artículo del médico psiquiatra y escritor petromacorisano de cuerpo entero César Mella Mejía, insertado en el periódico El Nacional en torno al magisterio del final del pasado siglo XX, ha provocado en mí el deseo de insistir en el tema como una modesta contribución al resaltamiento del imperio que constituyó.

Macorís del Este, un antiguo villorio de pescadores y agricultores y, por añadidura de plagas transmisoras de la fiebre palúdica y otros males, que en poco más de cincuenta años habría de convertirse por el esfuerzo propio de sus hijos en el Meridiano Cultural de la República.Menciono el termino ‘‘esfuerzo propio’’ porque ni antes ni después de su fundación como provincia, esa comunidad ha dependido de nadie que no haya sido nativo de su geografía, de su trabajo y su voluntad.

Y si es cierto que ha tenido caídas estrepitosas no es menos verdadero es que ha sobrevivido con el espíritu heroico con que se ha mantenido.San Pedro arrancó con una rudimentaria escuela hasta lograr la alta cima de una Universidad, es decir desde lo más humilde a lo más grande que se puede aspirar en la enseñanza.La educación ha tenido pues en la Sultana del Este una historia digna de contarse y tenerse como ejemplo llamado a imitarse.Pero en donde esa comunidad ha sobresalido con anterioridad al establecimiento de su Universidad Central del Este, es en el papel que jugaron los grados de la primaria (sexto y septimo) y la normal. Los estudiantes de aquel tiempo, hoy envejecientes, tienen la impresión que un estudiante del octavo (segundo práctico) puede equipararse con un bachiller de ahora, naturalmente con sus excepciones. Se arribaba a la Normal con una preparación cultural de primer orden y se podían contar los dedos de una mano los dados de baja o repitentes. De esa primaria salieron Pedro Mir, Francisco Domínguez Charro, Freddy Prestol Castillo, Porfirio Herrera Báez, los hermanos Manuel, Francisco y Rafael Richiez Acevedo, Carlos Curiel, Chiquitín de Windt Lavandier, Guillermo Taylor, César Feris Iglesias, Toñito Zaglul, Víctor Villegas, Carmen Natalia Martínez Bonilla, Corpito Pérez Cabral, Ludín Lugo Martínez, René del Risco Bermúdez, José Molinaza, Norberto James, Estervina Matos.Apenas menciono aquí algunos de los tantos alumnos que sobresalieron posteriormente como auténticas glorias de las letras nacionales y que recuerdo ahora a fuerza de memoria, pero que son muchos los otros que han dado brillo y renombre a las profesiones liberales, las artes, la ciencia, la política, la libertad y el patriotismo.

¡Pero qué maestros tuvieron! Fueron gentes consagradas a su oficio. Quiero señalar como homenaje de enaltecimiento a su fervor por administrar el sagrado pan de la enseñanza en todos los grados, algunos nombres que merecen la perpetuación. Recuerdo a Cochen Brea, Tatá Domínguez, Nitín Sasso, las hermanas Crime, Olinda del Giúdice, Blanca Patín, Federico Nina hijo, Max Garrido, Miguel Campillo Pérez, los hermanos Sergio y León Beras Morales, Luisita Mallén María Friedheim, Néstor Julio Soto Martínez, Aurelio Cucurullo, Casimira Heureaux, Marcela Montás, el reverendo británico A. H. Beer, Petronila Angélica Gómez, Benjamín Isaac Wilson, Teófilo Stephen (Mister Tichá), los españoles republicanos Lorenzo Berdala, Miguel Arnedo Díaz, Alfredo de la Cuesta, Ángel Pingarrón y Miguel Anglada Romeau, el guadalupeño Monsieur Cornelle, y aquel polifacético médico, poeta y crítico Julio de Windt Lavandier.

Con dos anteriores épocas San Pedro perfiló la fisonomía del Normalismo, es decir la enseñanza secundaria. Fueron sus líderes, entre otros, Julio Coiscou, Fernando Lacrespeaux, Pancholo Aybar, Anacaona Moscoso.

Estos apuntes no tienen otro interés que reiterar el ejemplo de pasadas épocas de la enseñanza secundaria de la urbe surgida de una pequeña aldea de pescadores asentada a las orillas del rumoroso río Higuano, hasta donde el férreo gobernador Nicolás de Ovando construyó las primeras ranchetas de que se tiene noticia.Los petromacorisanos que están allí y los que están fuera deberían pensar en buscar alguna manera de honrar la memoria de esos adalidades de su enseñanza.

El autor es periodista.

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